Tipos de cancer

Leucemia crónica

By 13 junio, 2017 No Comments

Definición

La leucemia es un cáncer de la sangre (de los glóbulos blancos) y se designa como aguda o crónica dependiendo del tiempo de instauración, siendo abrupta en la leucemia aguda y lenta y progresiva en las crónicas. Las células de la sangre se forman en la médula ósea y circulan por el torrente sanguíneo y el sistema linfático. Cuando estas células sanguíneas sanas cambian y proliferan sin control es cuando hablamos de leucemia. Estos glóbulos blancos anormales reemplazan a las células sanguíneas sanas y dificultan que la sangre cumpla su función.

Diagnóstico

Un nivel anómalo de algunas células sanguíneas en un análisis de sangre rutinario es la primera señal de alerta que permite detectar la mayoría de casos de leucemia crónica. Por tanto, realizar exámenes rutinarios con la frecuencia recomendada por el médico de atención primaria es la mejor estrategia para detectar de manera precoz este tipo de cáncer en la sangre.

Otros síntomas que facilitan la detección de una leucemia crónica son un cansancio sin causa aparente persistente durante varias semanas o meses, un aumento de tamaño de algún ganglio de forma persistente o facilidad para presentar sangrados.

El diagnóstico definitivo vendrá definido por un análisis sanguíneo exhaustivo que permita aislar las células cancerosas para estudiar su morfología y sus características inmunofenotípicas, genéticas y moleculares. En algunos casos se requiere de manera adicional el estudio de la médula ósea ya sea mediante un aspirado de médula ósea y/o una biopsia de médula ósea.

Tipos de leucemias crónicas

Se distinguen dos tipos principales de leucemias crónicas: la leucemia linfática crónica y la leucemia mieloide crónica. Además de estas dos grandes entidades se distinguen otros múltiples subtipos que pueden requerir tratamientos distintos.

Leucemia linfática crónica

La leucemia linfática crónica (LLC) es una enfermedad en que la médula ósea fabrica glóbulos blancos anómalos en vez de fabricar células sanas. Se diagnostica cuando se detectan demasiados linfocitos anormales en la sangre, lo cual también se conoce como linfocitosis o bien a través de la biopsia de un ganglio cuando los linfocitos anormales se encuentran mayormente en los ganglios linfáticos pero no en la sangre. La LLC es el tipo de cáncer de la sangre más frecuente y es típico de personas en edad madura. Casi nunca afecta a los niños. La etiología de esta enfermedad se desconoce pero entre los factores de riesgo se encuentran:

  • Sexo masculino
  • Edad avanzada
  • Raza blanca
  • Antecedentes familiares de LLC u otro cáncer del sistema linfático.

En un porcentaje muy elevado de casos (80%), los pacientes no tienen síntomas, y se les diagnostica de LLC de forma casual en un análisis de sangre rutinario. Cuando la enfermedad progresa es habitual que los pacientes presenten las siguientes manifestaciones:

  • Fatiga
  • Síntomas B (fiebre ≥38ºC, pérdida de peso, sudoración nocturna)
  • Anemia
  • Sangrado (por descenso de las plaquetas)
  • Infecciones
  • Aumento del tamaño de los ganglios linfáticos o el bazo

Para valorar la extensión de la enfermedad únicamente es necesario el análisis de sangre y la palpación de los territorios linfoides. Cuando hay sospecha de enfermedad torácica y/o abdominal puede realizarse una tomografía axial computarizada.

Existen numerosos factores clínicos y biológicos que determinan el pronóstico del paciente e influyen en la elección de tratamiento. Entre ellos se encuentran.

  • Edad
  • Estadio clínico
  • Infiltración masiva de la médula ósea
  • Morfología atípica de los linfocitos
  • Tiempo de duplicación linfocitario corto
  • Alteraciones citogenéticas de alto riesgo (del(17p), del(11q)
  • Niveles altos de lactato deshidrogenasa (LDH)
  • Niveles altos de β2microglobulina

La mitad de los pacientes con leucemia linfática crónica, al tratarse de una enfermedad de evolución lenta y relativamente benigna, no requieren tratamiento. El resto de pacientes requiere tratamiento en los periodos en que la leucemia está más activa con el objetivo de controlar los síntomas. Dicho tratamiento se basa en esquemas de quimioterapia o inmunoquimioterapia.

  • Vigilancia activa: en algunos casos no es necesario iniciar tratamiento de forma inmediata si el estado general del paciente es bueno y el linfoma es asintomático.
  • Quimioterapia: son fármacos que destruyen las células tumorales básicamente impidiendo su capacidad de proliferar.
  • Inmunoterapia: es un tratamiento biológico basado generalmente en el uso de anticuerpos monoclonales. Estos anticuerpos reconocen una proteína específica por lo que no destruyen aquellas células que no expresan dicha proteína.

Leucemia mieloide crónica

La leucemia mieloide crónica (LMC) es una enfermedad en que la médula ósea fabrica glóbulos blancos anómalos en vez de fabricar células sanas, en este caso las células anómalas son los mielocitos (y no los linfocitos como en la leucemia linfática crónica). La LMC constituye el 15-20% de las leucemias. Es una enfermedad típica de la edad madura y en más de la mitad de los casos (60%) su hallazgo es casual, los pacientes no presentan ningún síntoma al ser una enfermedad de instauración muy lenta. Con el tiempo, estas células van ocupando el espacio de las células sanas en la médula ósea impidiendo que funcionen de manera normal. Cuando la enfermedad progresa es habitual que los pacientes presenten las siguientes manifestaciones:

  • Febrícula
  • Sudoración
  • Pérdida de peso
  • Molestias abdominales
  • Astenia
  • Anemia
  • Sangrado

En la mitad de los pacientes la exploración física evidencia el aumento de tamaño del bazo, si bien en esta entidad la presencia de adenopatías es excepcional. LA LMC se desarrolla en tres fases: una fase inicial o fase crónica que acostumbra a ser asintomática, una fase de aceleración donde la enfermedad es menos controlable y una fase blástica que culmina con la transformación a una leucemia aguda.

El diagnóstico de LMC se fundamenta en el aumento de células mieloides (granulocitos) en la sangre y en la médula ósea, y en la demostración de una alteración genética característica en estas células, el cromosoma Philadelphia (translocación 9;22) presente en el 95% de los casos o bien de la alteración que lo origina, el reordenamiento BCR-ABL. Es preciso tanto analizar la sangre como la médula ósea para llegar al diagnóstico.

La LMC siempre requiere tratamiento. Actualmente el tratamiento se basa en la administración de un inhibidor de la tirosincinasa (ITK) que difiere de la quimioterapia por atacar únicamente la célula tumoral y no las células sanas. Este tratamiento consigue una tasa de respuestas muy alta (90%) y de forma prolongada por ello el trasplante alogénico (que era la única opción terapéutica años atrás) se reserva para pacientes jóvenes en fases avanzadas de la enfermedad o para los pacientes que fracasan al tratamiento con ITK.

Seguimiento tras el tratamiento de una leucemia crónica

Los pacientes con LMC en la mayoría de casos requieren tratamiento de forma permanente. Los pacientes que pueden discontinuar el tratamiento con ITK y los pacientes con LLC una vez terminado el tratamiento, deben seguir controles  que consisten en la realización de exploraciones físicas, análisis de sangre y/o médula ósea y eventualmente pruebas de imagen cada tres meses a lo largo del primer año para verificar que la leucemia no reaparezca y, si lo hace, detectarlo precozmente. En los años siguientes se reduce la frecuencia de las pruebas de seguimiento hasta llegar a una revisión anual a partir del quinto año. Dado el carácter crónica de esta enfermedad estas revisiones deben mantenerse durante toda la vida.

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