La importancia de la psicooncología ante el cáncer

Ante el diagnóstico, sentimos emociones como miedo, incertidumbre, enfado, aparecen pensamientos del estilo de «¿Por qué a mí?, ¿Qué he hecho mal?».

Nuestro cuerpo se activa (aparece opresión en el pecho, dificultades para respirar, etc.). Toda esta carga influye en nuestra forma de actuar: estamos más irritables, nerviosos, tristes, lloramos más, nos aislamos de nuestro entorno, nos cuesta dormir… 

Ante el tratamiento se activan además todos los miedos asociados a los efectos que va a tener en nosotros y que algunas veces son ajustados a los posibles efectos adversos y otros exagerados o distorsionados.

¿ Qué aporta el soporte y el tratamiento psicológico en el diagnóstico del cáncer ?

  • El apoyo psicológico de un profesional nos aporta técnicas para el manejo de las emociones y pensamientos negativos ante la enfermedad y el tratamiento y un afrontamiento más eficaz.
  • Favorece la aceptación y búsqueda de soluciones durante todas las fases de la enfermedad.
  • Ayuda a mantener o recuperar la calidad de vida que haya podido resultar alterada por la enfermedad o el tratamiento.
  • Mejora la comunicación y el apoyo familiar. 
  • Ayuda a superar los síntomas de ansiedad y tristeza. Se entrena el control del estrés, y la recuperación emocional y funcional.
  • Aporta apoyo para tomar decisiones razonadas. 
  • Ayuda a realizar un mejor autocuidado. 
  • Aporta una facilidad para asimilar mejor la información.  

El  papel del familiar

En muchos casos, existe un bloqueo emocional que hace que, como familiares de la persona enferma, nos sintamos incapaces de abordar la situación mientras nos invade el miedo, la incertidumbre y la impotencia, pero, ¿cuál es la mejor manera de mostrar nuestra ayuda?.

Cuando una persona tiene cáncer, toda la familia se ve afectada directa o indirectamente. La mejor manera de ayudar puede ser informándote sobre la enfermedad y los tratamientos que va a recibir la persona enferma, las reacciones emocionales más habituales y las preocupaciones más frecuentes. Es recomendable tratar de comportarse con naturalidad, sin dramatismos, intentando mantener una actitud positiva y tratando de transmitirle apoyo y energía, sobre todo en los momentos en los que el paciente pueda estar más desanimado o débil.

Es fundamental como cuidador, que también nos permitamos cuidarnos y pedir ayuda si la necesitamos, ya que como familiares también estamos experimentando un nivel intenso de emociones y pensamientos. 

Autor: Dr. Santiago Banqué. Departamento de psiconcología 

Foto:  www.freepik.es

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