Qué es la disgeusia y como afecta al paciente oncológico

La disgeusia es un trastorno del gusto que se manifiesta en forma de sensación desagradable y persistente en la boca.  Hoy en día se estima que más de 200.000 personas acuden al médico cada año por problemas asociados al sentido del gusto o del olfato.

En el caso de los pacientes oncológicos, la disgeusia o distorsión del sabor de los alimentos al comer, descrito generalmente como sabor metálico, salado, dulzón, amargo o agrio se produce durante algunos tratamientos oncológicos como efecto secundario de algunos citostáticos y la radioterapia de la zona de cabeza y cuello.

Los receptores del gusto y del olfato presentan una elevada tasa de recambio celular lo que les hace especialmente sensibles a los efectos tóxicos de la quimioterapia y radioterapia.

La alteración del gusto aparece tras la segunda semana de tratamiento y suele preceder al desarrollo de mucositis. La recuperación del sentido del gusto es lenta y se puede prolongar hasta los 12-24 meses después de finalizar el tratamiento, en la mayoría de los casos, persiste cierto grado de afectación.

 ¿Sabias que la pérdida de sabor puede comprometer el estado nutricional de la persona? 

El gusto estimula el deseo de comer y, por lo tanto, tiene un papel clave en la nutrición. El sentido del gusto también ayuda a mantenernos sanos al ayudarnos a detectar alimentos o bebidas en mal estado.

Afecta a más personas de las que pensamos

Aproximadamente el 50% de los pacientes oncológicos refieren cambios del gusto como consecuencia del tratamiento.  Esta alteración de la función gustativa tiene una importancia clínica por ser uno de los principales factores modificables de los hábitos alimentarios y por ser una de las causas de la disminución del apetito y la pérdida de peso, pudiendo desencadenar problemas de desnutrición. 

Si quieres saber más sobre los trastornos del gusto

Los trastornos del gusto pueden manifestarse como ausencia del gusto (ageusia), disminución de este (hipogeusia), incremento de la sensibilidad para alguno o todos los sabores (hipergeusia) o distorsión del sabor normal (disgeusia y fantogeúsia). De igual forma se producen dichos cambios en la percepción olfativa (anosmia, hiposmia, disosmia, hiperosmia). Se producen también modificaciones en los umbrales de percepción y reconocimiento de uno o más de los cinco gustos básicos: ácido, salado, dulce, amargo y umami.  

La percepción de los sabores de los alimentos se produce a través del sentido del gusto o del olfato. Su alteración puede afectar a la capacidad para ingerir alimentos y, a su vez, influir sobre la calidad de vida, los factores emocionales, el estado nutricional, e, incluso, sobre la efectividad del tratamiento farmacológico.

Los cambios en las funciones gustativas y olfativas pueden modificar la percepción organoléptica o la apetitosidad de la comida, ello unido al frecuente desarrollo de anorexia (falta de apetito), son los principales factores que contribuyen a la reducción de la ingesta dietética y aumentan, por lo tanto, el riesgo de desnutrición.

Las alteraciones del gusto que encontramos en los pacientes oncológicos

Las alteraciones del gusto que encontramos en los pacientes oncológicos pueden deberse a la propia enfermedad, a la progresión de la mismo y al tratamiento activo, sobre todo a la quimioterapia, pudiendo influir negativamente sobre la calidad de vida. Estas alteraciones suelen consistir en una mayor sensibilidad a los sabores primarios amargos y salado. También se refiere una pérdida o adormecimiento del gusto, sabor metálico, de cartón o simplemente un sabor distinto al normal, .

Con frecuencia, el paciente suele referir que la comida está demasiado dulce, salada o amarga o que no sabe a nada. Estas alteraciones influyen negativamente sobre la ingesta condicionando la aparición de aversiones alimentarias y mermando la calidad de vida. 

En estos pacientes también se han observado alteraciones del olfato, el cual suele aparecer muy potenciado, despertando sensaciones anormales frente a la comida generalmente aversivas, siendo recomendables que eviten las comidas calientes que desprendan olor.

Las alteraciones de los órganos de los sentidos, gusto y olfato, pueden reducir gravemente la alimentación, por lo que es importante verificar que el aporte de micronutrientes es suficiente, ya que alguno de ellos, como el zinc, desempeña un papel primordial en la distorsión sensorial.

Recomendaciones dietéticas

El consejo nutricional debe ser específico e individualizado y se debe marcar como objetivo, incrementar la ingesta de alimentos para mejorar el estado nutricional.

En el caso de la disgeusia, se debe aumentar la variedad de alimentos para identificar y descartar aquellos que produzcan sabores alterados y disminuyan la percepción del aroma y sabor de la comida.  Hay que tener en cuenta que el sabor metálico y la disminución del umbral para los sabores amargos son frecuentes en la disgeusia, y que la grasa, el calor, los recipientes cerrados y ciertas preparaciones  culinarias aumentan el sabor y el olor de los alimentos.

Estrategias dietéticas para el paciente oncológico

Otras recomendaciones

  • Si además hay alteración del olfato: evite los alimentos de olor fuerte, como el café, pescado, fritos, coliflor, espárragos, cebolla, etc., que tienen un aroma más intenso.
  • Elige platos que se preparen templados o fríos (ensalada de pasta o patata con jamón cocido, por ejemplo). 
  • Marina las carnes con zumo de limón y hierbas aromáticas.
  • Recuerda que la carne y el pescado hervidos, al microondas o al papillote desprenden menos olor que cocinados a la plancha, a la parrilla o fritos.
  • Tener una buena higiene bucal. Enjuagar la boca con infusiones de tomillo o con una cucharadita de bicarbonato de sodio mezclado en medio vaso de agua.
  • Utilizar hierbas, especies para condimentar los platos.
  • El limón ayuda a estimular las papilas gustativas (pero hay que evitar los ácidos en caso de tener boca irritada).
  • Experimentar con diferentes texturas como alimentos crujientes, cremosos.
  • Ventilar el vapor que puede desprender al cocinar. 
  • Pedir a otra persona que cocine por ti o consigue comida preparada en algún comercio si no se tolera el olor de la comida. 
  • Mantener una buena hidratación, preferiblemente agua (se puede añadir limón, hoja de menta, infusionar..). 

Las ilustraciones están diseñadas usando imágenes de Freepik.com

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