Efectos de la covid-19 en el cáncer de mama

Un posible incremento en el número de muertes podría evitarse si se garantiza que las mujeres de más edad reciben la última prueba de cribado 

Durante la pandemia de covid-19, muchos países han interrumpido sus programas de cribado de cáncer de mama. Un nuevo estudio, presentado en el 12.º Congreso Europeo de Cáncer de Mama, sugiere que esa falta de continuidad de los programas de detección podría derivar en un aumento de la proporción de mujeres que mueren de cáncer de mama.

No obstante, el estudio también indica que el riesgo podría reducirse, asegurándose de que todas las mujeres que por su edad deberían haber sido revisadas durante la pandemia lo hagan ahora, aunque ya hayan superado la edad límite para los cribados.

Otros dos estudios presentados en el congreso muestran cómo la pandemia de covid-19 ha afectado al tratamiento y al día a día de las mujeres ya diagnosticadas de cáncer de mama.

El estudio sobre cribado [1] ha sido presentado en el congreso, que se celebra de manera virtual, por parte de Lindy Kregting, una estudiante de doctorado de Erasmus MC, del Centro Médico de la Universidad de Rótterdam (Países Bajos). “Los cribados consisten en detectar el cáncer en un estadio inicial, cuando hay más posibilidades de tratarlo con éxito. Los programas de cribado del cáncer jamás habían sufrido una interrupción como esta, así que no sabemos el impacto que este hecho tendrá”, ha señalado la investigadora.

“Hemos querido investigar cuál será el impacto a largo plazo sobre la mortalidad por cáncer de mama y también observar qué estrategias resultarían ser más eficaces para reanudar los programas de cribado”, ha añadido.

Los investigadores se han servido de una herramienta de modelado denominada MISCAN-Breast para simular cuatro diferentes planteamientos para reanudar los programas de cribado tras seis meses de interrupción:

Una reanudación súbita en la que todos los cribados continúen en el mismo orden que estaban previstos, es decir, para que al menos una decada cuatro mujeres vayan a revisión al menos una vez un su vida (simulación de retardo)
Un retardo en los cribados, excepto para las mujeres que deberían recibirlo por primera vez (simulación de retardo excepto con el primer cribado)
Un retraso en los cribados, pero aumentando temporalmente el límite máximo de edad para recibirlo y asegurar así que las mujeres no pierden el último cribado de sus vidas (simulación de retardo con aumento del límite de edad).
Un aumento de la capacidad para poner por completo al día todos los cribados que se habían vistos pospuestos durante los seis meses de interrupción (simulación de puesta al día total).

Los resultados se basan en el programa de cribado de cáncer de mama de los Países Bajos, en el que las mujeres de 50 a 75 años reciben una cita para revisión cada dos años. Existen programas de cribado similares en otros muchos países europeos, aunque varían la frecuencia y los márgenes de edad.

Basándose en las cuatro simulaciones, el modelo informático mostró qué capacidad sería necesaria (en número de pruebas de cribado y de seguimiento) y los efectos que tendría cada estrategia en la incidencia y la mortalidad por cáncer de mama.

Los investigadores han comprobado que el primer modelo, el retardo, es el que arroja un resultado más negativo, con un aumento estimado de 2,35 muertes por cada 100.000 mujeres en los próximos 10 años. En el extremo contrario, la puesta al día totales demuestra ser la estrategia menos negativa, con un aumento estimado de solo 0,13 muertes por cáncer de mama por cada 100.000 mujeres en los próximos 10 años. Sin embargo, los autores del estudio señalan que esta estrategia no resultará factible para la mayoría de los servicios de salud nacionales.

Los otros dos escenarios, el retardo salvo primer cribado y el del aumento de la edad límite arrojaron respectivamente un aumento de las muertes de 1,98 y de 1,85 por cada 100.000 habitantes en los próximos 10 años. Según estos hallazgos, sugieren que aumentar el límite máximo de edad para recibir la última revisión es la mejor opción para la mayoría de los programas de cribado.

“Nuestro estudio muestra que un retraso de seis meses conlleva un aumento modesto, pero siempre importante, en el número de muertes por cáncer de mama, aunque cada estrategia para reanudar los programas de cribado presentan resultados distintos. La mejor manera de evitar muertes por cáncer de mama es ponerse al día con todas las pruebas de revisión que no se han podido hacer durante la pandemia. Sin embargo, nos damos también cuenta de que la mayoría de los programas de cribado no cuentan con el personal extra y con los equipos necesarios para eso”, apunta Lindy Kregting.

“Hemos visto que la segunda mejor opción, y que vemos además factible, es reanudar los cribados con normalidad tras el retraso, pero asegurándose de que ninguna mujer se pierde el último de ellos, aunque durante los meses de parón ya haya cumplido el límite de edad establecido”.

Un segundo estudio [2] que incluye a 1.051 mujeres diagnosticadas de cáncer de maam de Utrech (Países Bajos) puso las miras en la manera en que la covid-19 ha afectado a su día a día. El 48% de esas pacientes se ha sentido sola durante la pandemia. El mismo estudio ha detectado que el 31% de ellas se mostraban menos abiertas a buscar ayuda de sus médicos de cabecera, y el 27% estaban preocupadas en los efectos de la pandemia en su tratamiento. Un 15% se mostraban más reacias a buscar la ayuda de su oncólogo.

El estudio ha sido presentado por la doctora Claudia Bargon, médica y doctoranda del Centro Médico de la Universidad de Utrecht. “Sabemos que los servicios médicos, incluidos aquellos dirigidos a las pacientes de cáncer de mama, tuvieron que readaptarse durante la crisis sanitaria. También sabemos que el apoyo social puede resultar de vital importancia para muchas mujeres que han sido diagnosticadas con cáncer de mama y que ese apoyo puede verse restringido por las medidas de distancia física”, apunta Bargon.

“Nuestro estudio muestra que las mujeres estaban menos dispuestas a buscar ayuda médica durante la pandemia y que una proporción alta de mujeres sufrieron la soledad durante el confinamiento. Y esto apunta a que las pacientes necesitan que se les refuerce la idea de que deben buscar la ayuda médica cuando la necesiten y también que hay que brindarles apoyo de salud mental, aunque se les proporcione de manera virtual y no cara a cara”.

Un tercer estudio [3] comparó un grupo de 41 mujeres tratadas de cáncer de mama en marzo y abril de este año en el Hospital Universitario de Sassari (Italia), con otras 42 mujeres que habían sido tratadas en los mismos meses de 2019.

Los investigadores no han encontrado ninguna diferencia en el número de mujeres que recibieron cirugía para su cáncer de mama, ni en el tiempo que pasaron en la lista de espera. Tampoco detectaron diferencias en la práctica de biopsias del ganglio centinela, que sirve para comprobar si el cáncer ha comenzado a extenderse por los ganglios linfáticos de la axila.Sin embargo, sí que vieron  que las mujeres operadas durante el pico de la pandemia de covid-19 tenían menos probabilidades de que se las operase de manera inmediata para la reconstrucción de las mamas tras una mastectomía (operación para quitar la mama). También tenían menos posibilidades de que se les practicase un bloqueo intraoperatorio de los nervios regionales, un procedimiento que se lleva a cabo durante la cirugía para reducir la probabilidad de sufrir dolor en la mama tras la operación.

El trabajo ha sido presentado por el doctor Alessandro Fancellu, profesor asociado de Cirugía en la Universidad de Sassari. “Estos dos procedimientos médicos no tienen un efecto en el riesgo de recaída en el cáncer de mama, pero sí en la calidad de vida de las mujeres tras pasar por una operación. Sabemos que puede haber una segunda ola de covid-19, y si eso ocurre, queremos mantener la mejor calidad asistencial para nuestras pacientes”, ha afirmado.

El catedrático de la Universidad de Milán y del Instituto Europeo de Oncología (ambos en Italia) Giuseppe Viale, que no ha formado parte de la investigación ha comentado los resultados de estos estudios. “En todo el mundo, los servicios médicos han tenido que reorganizarse para hacer frente al desafío de la covid-19. Es muy importante que comprendamos el impacto que este hecho ha tenido en el diagnóstico, el tratamiento y la atención médica de las pacientes de cáncer de mama”, ha señalado.

“Estos estudios nos ofrecen una cierta tranquilidad, en el sentido de que sugieren que la interrupción en los programas de cribado, en los tratamientos y en la atención no ha sido devastadora. Sin embargo, también muestran en qué aspectos podemos hacer mejor las cosas, como por ejemplo en animar a las mujeres a que busquen la ayuda o consejo médico que necesiten y en cómo podemos reanudar servicios como el cribado de las mamas”.

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