12 quimios 12 cimas. Entrevista a Marta Quintana, paciente del IOB, que nos cuenta su experiencia con el cáncer de mama.

Marta se hacía mamografías cada 6 meses, ya que tenía pequeños quistes, y en una de ellas decidieron hacerle una ecografía y una punción, donde vieron que tenía cáncer de mama.

La operaron hace un año para quitarle a ‘Cayetano’ -como ella llamaba a su tumor-. ‘Después de este año te das cuenta de que el tiempo es invaluable y tenemos que usarlo con prudencia’.

Aparte de ser una gran luchadora, Marta es una súper deportista, lo que más le gusta son las carreras de montaña. Y lo primero que le preguntó al Dr. Soberino, su oncólogo, fue ‘hay una carrera en breve de 100 kms, ¿puedo correr?’. Ante esta pregunta la respuesta fue que no era posible, ya que esa distancia era demasiado, a lo que Marta contestó, ¿y una de 85 kms?.

Está claro que lo que para la mayoría de nosotros está fuera de lo normal, ni con enfermedad ni sin ella, para Marta es su día a día. ‘Nunca me he podido quedar en casa, necesito aire libre. Moverme. Correr’.

Así que cuando empezó las sesiones de quimioterapia, 12 en concreto, decidió cambiar sus objetivos de largas distancias por cimas de la zona del Baix Llobregat después de la sesión, cuando se encontraba con fuerzas.

Y aún en tratamiento siguió con sus objetivos realizando la Mitja Marató de Barcelona, una carrera en Sitges en su séptima quimio y hace poco ya pudo hacer sus 45 kms en Menorca.

Todo el proceso de la enfermedad le cogió justo antes de la pandemia, y recuerda que les decía a sus compañeros de carrera ‘esperadme, no os pongáis demasiado fuertes’, pero justo vino la pandemia y bromeaba con ellos: ‘si yo no puedo correr, vosotros tampoco’.

Marta explica que no fue consciente del diagnóstico hasta que un amigo la llamó para saber los resultados y se lo dijo en voz alta, entonces ante su reacción fue consciente.

‘También recuerdo la primera vez que lloré cuando Marisa, mi enfermera, me contó que probablemente se me caería el pelo. Ahora piensas que eso no tiene importancia, pero en el momento te marca mucho. También recuerdo las llamadas de Marisa en las que me decía: ¿hoy por dónde estás? ¿Cuántos quilómetros llevas?.

He aprendido a valorar las cosas más pequeñas, a pensar que la vida es lo primero. Vivirla. He aprendido que con pequeñas cosas ya se puede ser muy feliz, viviendo el día a día, porque mañana nos sabemos qué pasará.

Antes tenía miedo a la muerte, pero ahora ya no. Es peor para los que se quedan, los que lo pasan realmente mal. Con la gente de mi alrededor he tenido un gran apoyo, aunque lo han pasado mal. Vi llorar a mi padre por primera vez, mi hermano que era poco cariñoso estaba volcado y mi madre lloraba cuando no la veía.

Estando yo en tratamiento murió una amiga mía de cáncer de colón, pude despedirme y ella solo me decía: ¡vive, vive!

La experiencia en IOB fue buenísima, me sentía a gusto y muy querida.

También aprendí que si tuviese que estudiar otra cosa, sería enfermera. Son todo amor, tan cariñosas. Son un gran equipo.

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